Clave, blanca, negra, corche, semi es un juego de rapidez visual, reflejos y concentración. Los jugadores van revelando cartas una a una mientras recitan siempre la misma secuencia de palabras: CLAVE, BLANCA, NEGRA, CORCHE, SEMI. Cuando la palabra coincide con la carta, todos tendrán que tocar el montón central y evitar ser el último para no llevárselo.
Lectura a primera vista, rapidez de reacción, atención visual, memoria secuencial, procesamiento rápido de símbolos musicales, control del impulso y concentración.
El Chim Poom.
Se baraja el mazo y se reparten las cartas entre los jugadores. Cada jugador coloca su mazo boca abajo delante de sí.
Como orientación general:
2 y 3 jugadores: media baraja
4 o más jugadores: baraja entera
Si se juega con media baraja, conviene dividir previamente el mazo en dos mitades y alternarlas entre rondas.
Antes de empezar, el repartidor declara un color activo. Solo las alteraciones de ese color tendrán efecto durante la partida.
El jugador inicial revela la primera carta de su mazo y la coloca en el centro mientras dice: «Clave».
El siguiente jugador hace lo mismo diciendo: «Blanca».
Después siguen: «Negra», «Corche», «Semi».
La secuencia verbal se repite siempre en ese orden.
Cuando la palabra pronunciada coincide con la familia de la carta revelada, todos deben poner la mano en el montón central.
El último en hacerlo se lleva el montón central y lo coloca boca abajo al final de su mazo.
Ese mismo jugador reanuda la ronda.
Clave = cualquier clave
Blanca = cualquier nota blanca
Negra = cualquier nota negra
Corche = cualquier nota con corchea
Semi = cualquier nota con semicorchea
Cuando aparece una alteración del color activo, todos hacen el gesto correspondiente y después ponen la mano en el montón central.
Sostenido: manos arriba
Bemol: agacharse
Becuadro: brazos cruzados a modo de escudo en el pecho
El último en hacerlo se lleva el montón central.
Todos dicen «Chim Poom» y ponen la mano en el centro.
El último en hacerlo se lleva el montón central.
Cambia el sentido del turno.
La secuencia verbal continúa donde tocaba.
El siguiente jugador pierde su turno: no revela carta y no dice palabra.
Si un jugador reacciona cuando no tocaba o hace el gesto equivocado, se lleva el montón central.
Si un jugador tarda demasiado en su turno, lo pierde y se lleva el montón central.
La partida se juega por rondas.
Una ronda termina cuando un jugador se queda sin cartas y otro jugador se lleva el montón central.
El jugador que se queda sin cartas antes de cerrar la ronda sigue participando en la secuencia y en las reacciones hasta que alguien se lleve el montón central.
Ese jugador gana la ronda y suma 1 punto.
Como orientación general:
2 jugadores: 2 rondas por jugador
3 o más jugadores: 1 ronda por jugador
Gana la partida quien tenga más puntos al final. En caso de empate, se juega una ronda extra.
La secuencia va por Clave, Blanca.
Un jugador revela una negra mientras dice «Negra». Todos ponen la mano en el montón central. El último se lleva el montón.
Más tarde aparece un bemol del color activo. Todos se agachan y van al centro. El último se lleva el montón.
Después sale una doble barra de repetición. El sentido cambia y sigue jugando el lado contrario, manteniendo la secuencia donde iba.
Sale un silencio. El jugador al que le toca queda silenciado. Si revela carta o toca el montón, se lleva el montón central.
Te has quedado sin cartas y otro jugador revela un Chim Poom. Si llegas el último a poner la mano en el montón central, te lo llevas y sigues jugando.
Iniciación: sin cartas especiales.
Intermedia: solo Chim Poom, doble barra de repetición y silencios.
Avanzada: con alteraciones activas por color.
Al principio conviene jugar unas rondas solo con la secuencia principal. Cuando el grupo ya la domina, se añaden las cartas especiales.
Este juego conecta muy bien con una habilidad musical fundamental: la lectura a primera vista. Cuando leemos música con fluidez, no vamos descifrando cada símbolo como si fuera un problema nuevo, sino que aprendemos a reconocer patrones visuales cada vez más rápido y a reaccionar sin quedarnos bloqueados. Exactamente eso es lo que ocurre aquí.
Clave, Blanca, Negra, Corche, Semi convierte esa idea en una dinámica inmediata: leer, anticipar, actuar y no perder el pulso mental del grupo. Por eso, aunque parezca solo un juego de reflejos, en realidad también entrena algo muy valioso en la formación musical: la rapidez para procesar símbolos musicales de un vistazo y responder con seguridad.